lunes, 9 de diciembre de 2013

Banshee, el paraíso perdido

Como toda serie producida por un canal de cable americano, Banshee tiene de todo y en abundancia: violencia extrema, sexo en cualquier momento venga o no a cuento y, sobre todo, una microcosmos fuera de toda lógica racional. Y, sin embargo, funciona.

Banshee es una pequeña ciudad en Pensilvania donde hay de todo: desde pacificos amish a casinos indios, pasando por el matón local, un ex amish extremadamente violento, pero que, oye, tiene su puntito.
A Banshee llega un ex convicto que se ha pasado 15 años en la trena para proteger a su chica tras un robo de diamantes. La chica y los diamantes han desaparecido, así que nuestro caballero andante aparece en la ciudad donde vive la ex novia, ahora casada, agárrense, con el fiscal del condado, atenta madre de dos adolescentes.

Como la cosa no podía resultar tan sencilla, resulta que nuestro ex convicto, interpretado por un irónico Antony Starr, se ve envuelto en un pequeño altercado entre mafiosillos locales y el nuevo sheriff que acaba de llegar del lejano Oregón y al que nadie conoce todavía. El encuentro no puede acabar más que varios cadáveres, entre ellos el del sheriff, identidad que adopta nuestro héroe. Oye, llegar al pueblo y conseguir un trabajo bien remunerado, quien lo iba a decir.

A todo esto se va añadiendo una lucha desequilibrada entre el malvado ex amish y el inmaculado alcalde de Banshee que, apoyado por el fiscal, intentan limpiar la ciudad de toda traza de delincuencia.
Tenemos ángeles del infierno, supremacistas blancos, neonazis y se incorpora una nueva tribu: los mafiosos ucranianos a los que les robaron los diamantes y que, por fin, han dado con la parejita de ladrones. Para darle más morbo a la cosa, la víctima del robo, es decir, el capo mafioso ucraniano, no es otro que el padre de la ex novia del protagonista y actual esposa del fiscal.

Eso sí, tiene algunos personajes que merecen casi una serie propia por sí solos, como el caso del incalificable Job (Hoon Lee) una especie de peluquero hacker travestí totalmente ideal de la muerte; el tremendo Kai Proctor (Ulrich Thomsen) frío, que nunca pierde la calma ... y más vale que no la pierda; o Sugar Bates (Frankie Faison), un ex boxeador que regenta un bar en cuya buhardilla vive nuestro protagonista y que es, además de su ex novia, el único conocedor de su verdadera identidad.

La serie, que emite Canal+, está producida por el creador de una de las mejores series de todos los tiempos, A dos metros bajo tierra, Allan Ball.

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