domingo, 29 de diciembre de 2013

The Blacklist


Su inicio es genial: un individuo entra en un edificio federal y solicita ver a un alto cargo del FBI. La recepcionista -en cabina blindada y todo el acceso lleno de arcos de seguridad- le pide el nombre y le dice que espere. Mientras tanto, el individuo se despoja del sombrero y la chaqueta ante la mirada cada vez más alarmada de la gente que le rodea, para terminar arrodillado y con las manos en la nuca, mientras un batallón armado hasta los dientes le apunta desde todos los ángulos posibles.

Se trata de Raymond Reddington, uno de los 10 criminales más buscados en Estados Unidos, que se ofrece a desemascarar para el FBI a terrroristas, gánsters, espías y otros lindos gatitos con los que se relaciona ... con una única condición. Sólo hablará con una agente especializada en la realización de perfiles.

¿Qué relaciona al criminal con la psicóloga? Poco a poco las relaciones entre ambos se van enrareciendo, cuando Reddington ponga en la lista de sospechosos al propio marido de Keen, la agente, y ella misma empiece a tener serias dudas sobre su costilla.

La trama se bifurca en diferentes planos: el descubrimiento de grandes criminales; la continuidad de Reddington como negociador en determinados ambientes fuera de la ley; la historia no contada de Keen; el papel de un marido que aparentemente es maestro de escuela pero oculta armas, dinero y una bonita colección de pasaportes ...

El plato fuerte de The Blacklist es su protagonista, interpretado por un irreconocible James Spader. El atractivo actor bostoniano y ganador de varios Emmy's ha sido de nuevo nominado por su papel de Reddington en los Globos de Oro.


Casi calvo, con algún kilo de más -pero menos que en Boston Legal- cubierto casi siempre con un sombrero es difícil reconocer al protagonista de películas tan solventes como Crash o Sexo, mentiras y cintas de vídeo o cintas de ciencia ficción de culto como Stargate.


The Blacklist cuenta con la participación especial de uno de los más grandes actores norteamericanos, alguien a quien siempre es un placer ver en pantalla: Alan Alda. Otra conocida actriz es Parminder Nagra, la chica que quería ser como Beckham y acabó siendo cirujana en Urgencias.


miércoles, 11 de diciembre de 2013

¿Las 10 mejores series del año?


El American Film Institute ha hecho pública la lista de las 10 supuestamente mejores series del año? Ahí va la cosa:
. The Americans
. Breaking Bad
. Juego de Tronos
. The Good Wife
. House of Cards
. Mad Men
. Masters of Sex
. Orange is the new black
. Scandal
. Veep
A ver ... ¿Scandal? ¿Es una broma? Scandal es infumable se coja por donde se coja, es una especie de frankenstein: cójame un malo malísimo, un poderísimo, una bruja corrupia ... vale, no es Dallas, estamos en Washington ...  nada como la Casa Blanca, pero sin Barlett.
Que conste que veo Scandal en plan cachondeo, porque es para lo está, para descojonarte de unos guiones y unas interpretaciones dignas de las peores series de los 60.

¿House of Cards? Fantástica serie, pero, señores, no olvidemos que es una versión -y no precisamente mejorada- de su hermana mayor del mismo título producida por la BBC hace la friolera de 23 añitos. Bien, tiene un actorazo como prota, Kevin Spacey, pero lo que los ingleses resuelven en una única temporada, en USA necesitan estirarlo como chicle hasta aburrir al personal, en lugar de dejarles con la miel en los labios.

Que manía de preferir el hastío al me gustaría ver más.

Estoy de acuerdo con  The Americans, pero ¿Juego de Tronos? Bien, es una supersuperproducción, pero ¡jolinesssssssssss, que avance un poco el argumento!

Y si The Good Wife -que es una serie pasable- está entre las 10 mejores, quiere decir que la calidad deja mucho que desear.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Banshee, el paraíso perdido

Como toda serie producida por un canal de cable americano, Banshee tiene de todo y en abundancia: violencia extrema, sexo en cualquier momento venga o no a cuento y, sobre todo, una microcosmos fuera de toda lógica racional. Y, sin embargo, funciona.

Banshee es una pequeña ciudad en Pensilvania donde hay de todo: desde pacificos amish a casinos indios, pasando por el matón local, un ex amish extremadamente violento, pero que, oye, tiene su puntito.
A Banshee llega un ex convicto que se ha pasado 15 años en la trena para proteger a su chica tras un robo de diamantes. La chica y los diamantes han desaparecido, así que nuestro caballero andante aparece en la ciudad donde vive la ex novia, ahora casada, agárrense, con el fiscal del condado, atenta madre de dos adolescentes.

Como la cosa no podía resultar tan sencilla, resulta que nuestro ex convicto, interpretado por un irónico Antony Starr, se ve envuelto en un pequeño altercado entre mafiosillos locales y el nuevo sheriff que acaba de llegar del lejano Oregón y al que nadie conoce todavía. El encuentro no puede acabar más que varios cadáveres, entre ellos el del sheriff, identidad que adopta nuestro héroe. Oye, llegar al pueblo y conseguir un trabajo bien remunerado, quien lo iba a decir.

A todo esto se va añadiendo una lucha desequilibrada entre el malvado ex amish y el inmaculado alcalde de Banshee que, apoyado por el fiscal, intentan limpiar la ciudad de toda traza de delincuencia.
Tenemos ángeles del infierno, supremacistas blancos, neonazis y se incorpora una nueva tribu: los mafiosos ucranianos a los que les robaron los diamantes y que, por fin, han dado con la parejita de ladrones. Para darle más morbo a la cosa, la víctima del robo, es decir, el capo mafioso ucraniano, no es otro que el padre de la ex novia del protagonista y actual esposa del fiscal.

Eso sí, tiene algunos personajes que merecen casi una serie propia por sí solos, como el caso del incalificable Job (Hoon Lee) una especie de peluquero hacker travestí totalmente ideal de la muerte; el tremendo Kai Proctor (Ulrich Thomsen) frío, que nunca pierde la calma ... y más vale que no la pierda; o Sugar Bates (Frankie Faison), un ex boxeador que regenta un bar en cuya buhardilla vive nuestro protagonista y que es, además de su ex novia, el único conocedor de su verdadera identidad.

La serie, que emite Canal+, está producida por el creador de una de las mejores series de todos los tiempos, A dos metros bajo tierra, Allan Ball.

Rehenes de un guión que no arranca


Rehenes, con un buen reparto encabezado por Dylan McDermott y Tony Collette, se presentaba como una de las grandes apuestas de la temporada. El argumento así lo hacía presumir: una conspiración para matar al presidente de los Estados Unidos en la que están implicados agentes del FBI, del servicio secreto y de la Agencia de Seguridad Nacional ... nada menos.
El plan para matar al presidente no es precisamente sencillo: en lugar de descerrajarle un par de tiros por un francotirador o un espontáneo; envenenarle con un cóctel de virus o un revuelto de setas, se trata de hacerle morir en la mesa de operaciones. O sea, matarle pero sin que parezca un asesinato.
Como no es fácil conseguir un cirujano que se adhiera a la conjura, no se les ocurre otra cosa que secuestrar a toda la familia de la cirujana que se va a encargar de la operación. Vamos, que tienen que mantener bajo control a cuatro personas adultas.
La familia, que parece salida del sueño americano, deja mucho que desear en realidad: un marido infiel, un hijo que trapichea en el instituto y una hija embarazada de un nini.


Como nuestra heroína, la cirujana, no está por la labor, aunque tampoco quiere poner en peligro la vida de su modélica familia, hace alguna que otra travesura, de forma que la operación se va posponiendo. Es decir, tenemos a la familia secuestrada -eso sí, haciendo su vida normal como ir a trabajar o al instituto- durante varias semanas, sin que aparentemente nadie se de cuenta de lo anómalo de la situación.
Diez capítulos más tarde seguimos sin saber por qué demonios se quieren cargar al presidente de los USA, aunque ya se van perfilando algunas razones: es una mala persona, ea.


Si durante 10 capítulos de 45 minutos no han sido capaces de argumentar el magnicidio, si en 4,5 horas seguimos donde estábamos con media docena de muertos más ... guión se nos cae a pedazos.
Porque, aparentemente, casi todos los que están en la conspiración son buenas personas, empezando por el agente del FBI que encarna McDermott, con una mujer enferma de leucemia y una niña pequeña; el suegro del mismo, un excelente abogado; su cuñado ... pero a lo tonto a lo tonto se han cargado a un puñado de personas que "pasaban por allí".
Así que uno tiene el arrebato de gritar a la pantalla que si se quieren cargar al presidente de los USA, que adelante, pero que dejen de disparar a todo bicho viviente que tiene la desgracia de cruzarse involuntariamente en su camino. Vamos, que son unos verdaderos chapuzas.
Rehenes se emite actualmente en TNT y está producida por Jerry Bruckheimer.


domingo, 3 de noviembre de 2013

Nuevos personajes para Person of Interest


En su tercera temporada Person of Interest parece decidida a ampliar el equipo. Luchar contra malvados tan malvados y tan bien equipados de los más sofisticados recursos exige que nuestros héroes se pongan a la altura.
En la primera temporada el equipo formado por John Reese y Harold Finch reclutó a dos polis: el corrupto Fusco -que paulatinamente se ha ido redimiendo- y la inspectora Carter, leal a carta cabal.
Estos cuatro personajes asistidos por la impresionante red de cámaras de vigilancia repartidas por la ciudad de Nueva York; la sofisticada tecnología que les permite hackear teléfonos y ordenadores y la misteriosa Máquina, luchan contra crímenes evitables.
Es discutible si Oso, el pastor belga que confiscan a un grupo de neonazis, es un personaje, pero desde luego tiene un alto grado de protagonismo, como en ese episodio que en el que finge estar enfermo para atrapar a una pandilla de yonkies.
John Reese (Jim Caviezel) y Harold Finch (Michael Emerson) son los dos pilares indiscutibles. Emerson era un habitual en las series en las que participaba como actor invitado. Alcanzó la cumbre del reconocimiento con el ambiguo papel Linus en Lost, lo que le hace reconocible en todo el globo.
Finch es misterioso, pero buena persona. Su estricta discreción se basa en la necesidad de mantenerse fuera del radar de los poderosos, pues ya le costó la vida a su mejor amigo. De hecho, incluso finge su muerte para proteger a su prometida.
Porque lo ha que quedado claro a lo largo de estas tres temporadas es que la realidad supera a la ficción. Si hasta hace unos meses podíamos clasificar Person of Interest como una serie de ciencia ficción más o menos próxima, las revelaciones de Snowden sobre el espionaje masivo a todo lo que se menea ha dejado a los guiones en casi un cuento para niños.
Así que en esta temporada se ha abierto un poco el abanico de casos, de malos y de miembros del equipo.
A algunos ya los conocíamos, como a la seductora Zoey Morgan ( Paige Turco), y otros se han incorporado rápidamente al elenco, como es el caso de la ejecutora Samantha Show (Sarah Shahi). Show entra al equipo desde la parte contraria: ella ejecuta a aquellas personas que la Máquina considera relevantes. Ahora forma un tándem con Reese, protagonizando las escenas de acción, con el objetivo de proteger a los inocentes.
Si en la pasada temporada apareció el misterioso personaje Root, el hacker que desafía a Finch en el control de la Máquina, ahora vemos a Samantha Groves (Amy Acker) internada en un psiquiátrico del que, evidentemente, logra escaparse gracias a su capacidad para manipular cualquier máquina que funcione mediante software.
¿Quien será el objetivo de Root? ¿Los funcionarios del gobierno que manipulan y utilizan la Máquina en su provecho o Finch, que la usa con motivos más altruistas? Lo que está claro es que esta psicópata asesina volverá a ser un quebradero de cabeza para los vigilantes.
Otros personajes que aparecen con mayor o menor frecuencia son el mafioso Carl Elías (Enrico Colantoni), que utiliza su influencia para ayudar al equipo cuando considera que le beneficia, y el alocado y ludópata León Kao (Ken Leung), un hacha cuando se trata de manipular cuentas financieras.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Crossing Lines, o cómo conocer Europa persiguiendo asesinos

Se nota la mano de los creadores de Mentes Criminales. De hecho parece un traslado de escenario y una composición de equipo multinacional.

Tenemos al poli neoyorquino atormentado y enganchado a los calmantes, como un House cualquiera, papel que interpreta William Fichtner, a quien todos recordarán como el federal de Prison Break. el equipo está dirigido por un poli francés, papel que recae en Marc Lavoine, otro tipo, sí, atormentado por la muerte de su hijo a manos de un mafioso ruso. El tercer personaje de interés es Donald Sutherland que interpreta a un juez de la Corte Penal Internacional que apadrina al equipo ¿?. Sí, yo también me quedé a cuadros, pero los guionistas son americanos, no vamos a exigirles que conozcan las instituciones europeas y sus competencias.

El resto del reparto incluye a un policía alemán ludópata y experto en la tecnología de comunicación más avanzada -Tom Wlaschiha, el Valar Morghulis de Juego de Tronos-; un poli irlandés (Richard Flood) que parece pertenecer a un grupo gitano nómada. El grupo se completa con las inevitables chicas guapas, en este caos una poli francesa (Moon Daily)y otra italiana (Gabriella Pession).

El grupo, que tiene su base en La Haya, se dedica a perseguir delitos y delincuentes que operan en varios países y que al depender de diferentes jurisdicciones suelen salir impunes.

Los guionistas trasladan a Europa tramas que podrían haberse descartado de Mentes Criminales, como ese clan de camioneros que organizan peleas a muerte entre padres secuestrados en las carreteras centroeuropeas. O el diplomático americano asesino en serie que puede atravesar fronteras con total impunidad gracias a la matrícula diplomática.

Como suele ocurrir en las series norteamericanas, hay una subtrama que va infiltrándose en todos los episodios. En este caso es la persecución de Dimitrov, el mafioso ruso responsable de la muerte del hijo del líder del grupo.

Los guionistas parecen haber creado un institución policial paralela a Europol, cuya sede también está -¡oh, casualidad!- en La Haya.

En resumen, Crossing Line parece una serie hecha para aprovechar guiones desechados de otras producciones. Tiene un punto curioso y es la posibilidad de recorrer escenarios reales europeos y callejear por Florencia, París o Cannes. Menos da una piedra.



sábado, 19 de octubre de 2013

Bones, más gore

Con sólo dos episodios emitidos, está claro que Bones no renuncia a los espectáculos más desafiantes para los estómagos más fuertes. Hemos tenido un cadáver pasado por las aspas de un mega ventilador y otro que ha sido alimento de fieras. La cosa, hasta las fieras, está mu malita y un lince en lugar de vivir a la bartola en un buen zoo tiene que rebuscar en la basura.
Temperance Brennan (Emily Deschanel) es todo un personaje, como todos los personajes televisivos a los que los guionistas otorgan alguna característica fuera de la normalidad. Lo malo es que en los últimos años parece que lo "normal" es poner un personaje "anormal" en el centro de la acción: los "asperger" Cooper y la ya mencionada Brennan; La memoria eidética de Carrie Welles (Imborrable), el agente Reid (Mentes Criminales) y (oh, sí, él también) Cooper; la autista Sonya Cross (The Bridge); nuestro psicópata favorito, Dexter Morgan y, por supuesto, la bipolar Carrie Mathison. Y esto es sólo una pequeña muestra.
Poco a poco la personalidad llena de aristas de Brennan se ha ido puliendo y eso no le ha hecho ningún bien al personaje. Ese intento de normalización imposible convierte a la antes atractiva y previsible doctora en un señora baboseante y empática. Y eso no es.
De acuerdo, la maternidad ha cambiado alguna de sus actitudes, se puede aceptar. Pero la han convertido en demasiado blanda.
Otros personajes son cada vez más antipáticos, como la archipesadísima Ángela (Michaela Conlin) y su buenrollismo. 
En esta temporada planea el personaje de Pelant que, como un guadiana, aparece y desaparece desde hace un par de años. El archienemigo de Brennan y su pandilla ha empezado a hacer de las suyas allí dónde más duele: en la pasta.
O metiendo cizaña, como sabotear a través del mismísimo Booth (David Boreanaz) su propia boda con Brennan. Sí, eso parece, habrá boda. O no.
Al margen de la trama, la serie sirve para hacerse una idea de cuán apretada puede llevar la ropa la Dra. Saroyan (Tamara Taylor) o que nueva teoría conspiranoica se le ocurre a Hodgins (JT Thyne)
En resumen, entretenimiento fácil de olvidar. Escenas sangrientas y realmente repugnantes -que parece que es dónde el equipo de guionistas aplica toda su imaginación- y un enemigo ilocalizable, pero conocido. Ver y a otra cosa, mariposa.