Con sólo dos episodios emitidos, está claro que Bones no renuncia a los espectáculos más desafiantes para los estómagos más fuertes. Hemos tenido un cadáver pasado por las aspas de un mega ventilador y otro que ha sido alimento de fieras. La cosa, hasta las fieras, está mu malita y un lince en lugar de vivir a la bartola en un buen zoo tiene que rebuscar en la basura.
Temperance Brennan (Emily Deschanel) es todo un personaje, como todos los personajes televisivos a los que los guionistas otorgan alguna característica fuera de la normalidad. Lo malo es que en los últimos años parece que lo "normal" es poner un personaje "anormal" en el centro de la acción: los "asperger" Cooper y la ya mencionada Brennan; La memoria eidética de Carrie Welles (Imborrable), el agente Reid (Mentes Criminales) y (oh, sí, él también) Cooper; la autista Sonya Cross (The Bridge); nuestro psicópata favorito, Dexter Morgan y, por supuesto, la bipolar Carrie Mathison. Y esto es sólo una pequeña muestra.
Poco a poco la personalidad llena de aristas de Brennan se ha ido puliendo y eso no le ha hecho ningún bien al personaje. Ese intento de normalización imposible convierte a la antes atractiva y previsible doctora en un señora baboseante y empática. Y eso no es.
De acuerdo, la maternidad ha cambiado alguna de sus actitudes, se puede aceptar. Pero la han convertido en demasiado blanda.
Otros personajes son cada vez más antipáticos, como la archipesadísima Ángela (Michaela Conlin) y su buenrollismo.
En esta temporada planea el personaje de Pelant que, como un guadiana, aparece y desaparece desde hace un par de años. El archienemigo de Brennan y su pandilla ha empezado a hacer de las suyas allí dónde más duele: en la pasta.
O metiendo cizaña, como sabotear a través del mismísimo Booth (David Boreanaz) su propia boda con Brennan. Sí, eso parece, habrá boda. O no.
Al margen de la trama, la serie sirve para hacerse una idea de cuán apretada puede llevar la ropa la Dra. Saroyan (Tamara Taylor) o que nueva teoría conspiranoica se le ocurre a Hodgins (JT Thyne)
En resumen, entretenimiento fácil de olvidar. Escenas sangrientas y realmente repugnantes -que parece que es dónde el equipo de guionistas aplica toda su imaginación- y un enemigo ilocalizable, pero conocido. Ver y a otra cosa, mariposa.


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