Se nota la mano de los creadores de Mentes Criminales. De hecho parece un traslado de escenario y una composición de equipo multinacional.
Tenemos al poli neoyorquino atormentado y enganchado a los calmantes, como un House cualquiera, papel que interpreta William Fichtner, a quien todos recordarán como el federal de Prison Break. el equipo está dirigido por un poli francés, papel que recae en Marc Lavoine, otro tipo, sí, atormentado por la muerte de su hijo a manos de un mafioso ruso. El tercer personaje de interés es Donald Sutherland que interpreta a un juez de la Corte Penal Internacional que apadrina al equipo ¿?. Sí, yo también me quedé a cuadros, pero los guionistas son americanos, no vamos a exigirles que conozcan las instituciones europeas y sus competencias.
El resto del reparto incluye a un policía alemán ludópata y experto en la tecnología de comunicación más avanzada -Tom Wlaschiha, el Valar Morghulis de Juego de Tronos-; un poli irlandés (Richard Flood) que parece pertenecer a un grupo gitano nómada. El grupo se completa con las inevitables chicas guapas, en este caos una poli francesa (Moon Daily)y otra italiana (Gabriella Pession).
El grupo, que tiene su base en La Haya, se dedica a perseguir delitos y delincuentes que operan en varios países y que al depender de diferentes jurisdicciones suelen salir impunes.
Los guionistas trasladan a Europa tramas que podrían haberse descartado de Mentes Criminales, como ese clan de camioneros que organizan peleas a muerte entre padres secuestrados en las carreteras centroeuropeas. O el diplomático americano asesino en serie que puede atravesar fronteras con total impunidad gracias a la matrícula diplomática.
Como suele ocurrir en las series norteamericanas, hay una subtrama que va infiltrándose en todos los episodios. En este caso es la persecución de Dimitrov, el mafioso ruso responsable de la muerte del hijo del líder del grupo.
Los guionistas parecen haber creado un institución policial paralela a Europol, cuya sede también está -¡oh, casualidad!- en La Haya.
En resumen, Crossing Line parece una serie hecha para aprovechar guiones desechados de otras producciones. Tiene un punto curioso y es la posibilidad de recorrer escenarios reales europeos y callejear por Florencia, París o Cannes. Menos da una piedra.



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